Los vecinos evitan hablar abiertamente sobre él por temor a represalias.
El concello ourensano de Bande era ayer un pueblo sin nombres. Los detractores y defensores del sargento de la Guardia Civil de la comarca, que ha conseguido en tres años disparar la media nacional de denuncias por número de habitantes (llegando casi al millar interpuestas en 2010, frente a las 88 anuales que había antes de su llegada), rogaban ayer con igual insistencia, que solo figurara el adjetivo "anónimo" al lado de sus declaraciones.
El mutismo de la mayoría de los vecinos es más que elocuente del respeto a este representante de las fuerzas del orden, pero no todos guardan los mismos sentimientos, pues el sargento Grande, natural de Celanova y destinado al cuartel de la Guardia Civil de Bande hace tres años, es para algunos un hombre "sencillo y serio que molesta porque hace cumplir la ley a rajatabla" y para otros "lo nunca visto por estos lares, pues te da el alto o te cachea sin venir a cuento" contaba ayer un grupo de mujeres, "anónimas" también, que departían en una conocida cafetería del municipio.
El escrito presentado el pasado año por el senador del BNG por Ourense, Xosé Manuel Pérez Bouza, solicitando la intervención del Gobierno central ante el Senado, para conocer la causa del "disparatado" aumento de denuncias en una comarca pequeña y de gente pacífica, se saldó hace dos días con una comparecencia ante esa cámara, del director general de la Guardia Civil, en la que elogió la gestión de su mando en Bande y negó cualquier abuso de poder en una gestión que, según el BNG, "tiene atemorizados a los vecinos".
Ni el alcalde se salva
El propio alcalde, el popular José Antonio Armada reconoce ahora que "antes de que denunciara el Bloque, yo mismo, ante las quejas vecinales, solicité entrevistas con el subdelegado del Gobierno en Ourense, el entonces teniente coronel de la Comandancia de la Guardia Civil y el capitán de la Guardia Civil de Celanova, del que depende el puesto de Bande para exponerles el caso".
José Antonio Armada –quien no recordaba ayer el nombre del sargento de la Guardia Civil de su concello en un gesto que delata la falta de relación entre ambos mandos del municipio– reconocía que "a mi también me dio el alto en alguna ocasión cuando iba en mi coche, e inspeccionó a fondo el vehículo para ver si estaba todo en orden, pero eso está dentro de la ley".
Este tipo de actuaciones, comunes en los últimos tres años en Bande y concellos de su entorno "no suponen abuso de poder", según declaró ayer ante el Senado el director general de la Guardia Civil, sino que son ejemplo "de la dedicación y eficacia del sargento", señaló
"Que multe por exceso de velocidad o por llevar el cinturón en el casco urbano tiene un pase, pero que hayan denunciado a una anciana de Carpazas, por maltrato animal por llevar la burra atada por los pies para que no escape, algo que se ha hecho siempre tradicionalmente en el rural, es un abuso, pues antes tendría que informarla de que eso es ilegal", declaró otra vecina.
Los tractores al garaje
Los agricultores han pagado importantes sanciones por no tener al día un papel del tractor y algunos han preferido dejarlo en el garaje. "También sería bueno advertirles de la ilegalidad y no llegar sin avisar a inspeccionar la máquina e imponerle luego hasta 200 euros de multa a un humilde cosechero", lamenta un vecino.
Una madre recuerda exaltada cómo, hace un año, su hija y otro grupo de amigos adolescentes vieron a medianoche a la Guardia Civil haciendo un control en la zona de marcha de Bande y, en un acto de chiquillos, decidieron ir saludar a los guardias: el sargento ordenó a una compañera que cacheara a las niñas, y él mismo cacheó a los chavales. ¿No es un abuso?", pregunta esta vecina.
Del celo sancionador contra los infractores no se han librado ni el padre ni los hermanos del sargento, lo que le ha valido conflictos familiares, y se ha saldado a su vez con tres denuncias judiciales contra este mando.
Anxo López Morgade, al fin un vecino con nombre, es uno de los que ha denunciado públicamente la labor del sargento. Tiene una docena de denuncias por incumplimiento del horario de cierre de su local de copas, incumplimiento que él niega. Algunos vecinos a esto le llaman aplicar la ley y otros persecución. El juzgado hablará. Otro hostelero acumula más de 30 denuncias, pero hay que decir en favor del mando policial que este empresario explotaba su local sin licencia.
Lo cierto es que la incesante labor del sargento Grande, grande también en polémica, ha cambiado el modo de vida en Bande, donde los bares exhiben más certificados que en la Gran Vía madrileña, los vecinos no se desplazan ni 50 metros en coche sin ponerse el cinturón y los perros no salen a pasear sin correa.
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