La mujer comunicó a la Guardia Civil que cuando los menores, que vivían con ella, iban a ver a sus padres a Bérchules venían con droga en los bolsillos
Los pequeños bolsillos de los pantalones y de las camisas de los dos hermanos de 11 y 13 años solían estar llenos de marihuana.Los menores no la consumían, pero el sitio donde pasaban los fines de semana en Bérchules, corazón de La Alpujarra granadina, estaba repleto de esta sustancia estupefaciente. Era la casa de sus padres. Los dos niños convivían con la abuela, aunque la gran mayoría de los fines de semana viajaban desde el municipio de ElEjido, en Almería, hasta la pequeña localidad alpujarreña.
La abuela, cansada de comprobar que una y otra vez, y otra más, se repetía la misma situación, decidió pedir auxilio. Acudió al cuartel de la Guardia Civil de la localidad ejidense para denunciar que cada fin de semana que sus nietos veían a sus padres en Bérchules los bolsillos de sus prendas de vestir no venían cargados de golosinas precisamente, sino de droga. Además, la abuela tuvo la santa paciencia de averiguar qué hacían los padres de los menores durante esos sábados y domingos.Consiguió conocer esos hábitos gracias a las repetidas preguntas dirigidas a sus nietos. La abuela demostró paciencia y prudencia hasta que logró reconstruir un puzzle de pocas piezas pero difícil de encajar, sobre todo si pones sobre la pista de una fechoría cometida por tu propio hijo a la Guardia Civil. Los dos nietos le confesaron a la abuela que sus progenitores se dedicaban a fumar y vender drogas en este pueblo de Bérchules.
La denuncia impulsó una investigación de la Guardia Civil del puesto de Órgiva. Los agentes pudieron comprobar que en las inmediaciones del domicilio de los padres de los menores se habían identificado en numerosas ocasiones a individuos que llevaban marihuana o hachís, por ello sospecharon desde el principio que podría tratarse de un punto de venta de drogas. La Guardia Civil contó con la colaboración de un perro antidroga, con sede habitual en el puesto de Almuñécar. Solo faltaba la orden de registro que debía emitir el juzgado del partido judicial de Órgiva; una vez concedida, los agentes de la Policía Judicial de la Guardia Civil se dirigieron a este domicilio de Bérchules para iniciar el correspondiente registro.
El perro antidroga tardó muy poco tiempo en identificar los lugares de la vivienda donde había sustancias estupefacientes.El can señaló cuatro puntos de la casa. Los agentes solo tuvieron que registrarlos para comprobar que había droga. Además de la marihuana hallada y de veinte plantas de cannabis sativa, encontraron dos balanzas de precisión para la elaboración de las dosis y diversos tipos de productos fitosanitarios destinados al cultivo del cannabis.
En esta actuación la Guardia Civil también localizó en el domicilio de los detenidos un armario de lona de grandes dimensiones que hacía las veces de invernadero, con tres lámparas halógenas, dos extractores de aire, dos medidores de temperatura y un generador de electricidad, en el que cultivaban veinte plantas de cannabis sativa.
La Guardia Civil se llevó detenida a la pareja, formada por una mujer de 32 años y un varón de 33. El hombre no tenía antecedentes policiales, pero la mujer sí acumulaba ya varias denuncias por venta de drogas al menudeo.
La abuela puede descansar tranquila porque los menores, al menos de momento, no volverán a casa los fines de semana con los bolsillos llenos de marihuana ni de hachís.Raro es el día en que la Guardia Civil o la Policía Nacional no desmantela un pequeño invernadero de marihuana en la capital granadina o en los numerosos municipios de la provincia de Granada.
Una práctica, la del cultivo de esta sustancia, cada vez más presente y que poco a poco está desplazando al hachís. El cultivo de marihuana se puede practicar en cualquier habitáculo disponiendo del pertinente sistema de refrigeración y de luz artificial.

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