Ha colocado también en el mercado negro material para fabricar explosivos y falsificar documentos

Las Fuerzas de Seguridad del Estado tienen fundados indicios de que ETA está
vendiendo en el «mercado negro internacional», armas, sustancias
químicas para confeccionar explosivos y tarjetas de identidad vírgenes
para falsificar documentos, entre otro material que ha ido robando en
los últimos años en Francia. Todo ello con el objetivo de obtener fondos
con los que sobrevivir en tiempos de «alto el fuego» y compensar la
falta de ingresos motivada por el cese del «impuesto revolucionario»,
según fuentes de la lucha antiterrorista consultadas por ABC.
Entre
este material se encontrarían parte de los 300 revólveres, las 50
pistolas y la munición que la banda sustrajo el 23 de octubre de 2006,
coincidiendo con el denominado «proceso de paz», en una armería de la
localidad de Vauvert. Sólo unos pocos de estos revólveres han sido
incautados a los etarras en sucesivas operaciones llevadas a cabo
posteriormente. Podría figurar también entre las partidas destinadas al
crimen organizado parte de la veintena de impresoras, los numerosos
programas informáticos y las 6.000 tarjetas vírgenes robadas en
el municipio de Valence, en diciembre de 2010, pocas semanas antes de
que los cabecillas anunciaran el «alto el fuego permanente, general y
verificable» que traería consigo, precisamente, la suspensión del
«impuesto revolucionario».
A
los expertos antiterroristas les sorprendió, en un primer momento, la
elevada cantidad de tarjetas robadas en aquel asalto, en comparación con
los cada vez menos miembros en activo que le puedan quedar a esta banda
en fase de liquidación. Así que investigan como hipótesis más que
verosímil que el destino elegido para la mayoría de ellas fuera el «mercado negro internacional».
El material servía para confeccionar, además de permisos de conducir,
tarjetas de acceso a lugares restringidos, de crédito y otras cédulas de
identificación dotadas de sistema de seguridad como bandas magnéticas,
lo que les haría más cotizadas entre bandas internacionales vinculadas
al crimen organizado y a las grandes mafias.
En
los últimos años, ETA ha perpetrado una decena de asaltos para robar
grandes cantidades de diferente material —también sustancias químicas
destinadas a la fabricación de explosivos—, al margen de las numerosas
sustracciones de vehículos. La mayoría de estas sustancias no han sido halladas en los «zulos» que se han ido desmantelando en los últimos años,
ni incautadas a los «comandos» desarticulados. Ello también alimenta la
hipótesis de que un elevado porcentaje de todo este material lo tendría
ETA destinado a su distribución a alto precio entre delincuentes del
crimen organizado.
Las
relaciones de la banda con el «mercado negro internacional» no son
nuevas, se remontan a la década de los setenta y han tenido varios
escenarios: Bélgica-Holanda, la antigua Yugoslavia... Pero salvo alguna
excepción, esos contactos eran para comprar armamento. Es el caso de los
dos misiles incautados a «Mikel Antza» con los que ETA quiso asesinar a José María Aznar, o la adquisión de
armas, por valor —antiguo— de 75 millones de pesetas, que hizo en
Bosnia. según un documento incautado en París al cabecilla «Kantauri».
Ahora,
sin embargo, ETA acude al «mercado negro internacional» para vender ya
que, según los expertos antiterroristas, necesita dinero también en
tiempos de tregua para mantener a toda su militancia. Cuando se vieron
obligados a desaparecer por los golpes policiales recibidos, los Comandos Autónomos Anticapitalistas se dedicaron a atracar entidades bancarias para sobrevivir.
Asimismo, no se ha despejado del todo la incógnita de si algunos de los
«polimilis» que decidieron disolverse fueron quienes secuestraron al
nieto de un empresario para garantizarse el «subsidio» de desempleo.
De
todas formas, los investigadores advierten de que si bien parece cierto
que ETA ha dejado de enviar cartas tras el anuncio de «alto el fuego»,
hay indicios que apuntan a que, sin embargo, ha reclamado a los empresarios las cantidades que les había exigido con anterioridad y cuyo pago se había demorado. Asimismo, según las mismas fuentes,
existe un nada despreciable número de individuos que pagan
«voluntariamente» a la organización criminal una cierta cantidad, bien
por simpatizar con la causa, bien para hacer «méritos» por si ETA vuelve
a cometer atentados.
Final de la banda
En este contexto, el ex presidente del PNV, Xabier Arzalluz, reapareció
ayer en la escena política para asegurar que el final de ETA se
producirá «probablemente en días» y, «desde luego, durante el gobierno
socialista». Así se expresó en una entrevista a «Noticias de Gipuzkoa», en la que reiteró que la desaparición de la banda se encuentran «muy a la vuelta de la esquina».
De
ello, explicó, le ha informado «una fuente muy informada» que está «en
la pomada». En su opinión, de esta forma desaparecerá «el último
escollo» que separaba al soberanismo y se perfilará un contexto en el
que habrá «nacionalistas radicales conformándose y nacionalistas
moderados ya conformados».
Especial ETA: Medio siglo de terror

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