- Nueve agentes de la Guardia Civil forman la unidad de helicópteros que controla Asturias y da apoyo al resto de equipos
Tan pronto buscan fardos de cocaína flotando en la costa de Gijón como
intentan localizar a un fugitivo en los montes de Tineo. Los nueve
funcionarios de la Benemérita que forman la unidad de Helicópteros de la
Guardia Civil de Asturias vigilaban hace sólo una semana la seguridad
de la Vuelta Ciclista a España, por caminos de La Farrapona o el
Angliru, y semanas antes peinaban los alrededores del Monte Areo a la
búsqueda de algún responsable de los fuegos que asolaron la masa
forestal gijonesa durante la temporada estival. Un trabajo, el suyo,
multidisciplinar en el que lo fundamental es estar siempre ojo avizor
para no perder detalle de lo que sucede a miles de metros bajo sus pies.
Son
las once de la mañana de un día laborable y suena el teléfono en las
oficinas de la Guardia Civil situadas en La Morgal. El teniente
Sebastián Ruiz, responsable de la Unidad de Helicópteros de la
Benemérita (UHEL) en Asturias, levanta raudo el auricular. «Nunca se
sabe lo que puede pasar al otro lado de la línea», asegura más tranquilo
tras comprobar que la llamada se debía a una cuestión rutinaria.
Sebastián Ruiz vive, como los ocho funcionarios que están a su cargo,
pendiente del sonido de sus tres teléfonos. Cualquier grupo operativo de
las dos comandancias que el cuerpo tiene distribuidas por toda Asturias
puede solicitar su ayuda en un rescate, una vigilancia o una búsqueda a
cualquier hora de la mañana, la tarde o la noche. Y es que «en este
negocio el tiempo es oro», sostiene.
Los funcionarios de la UHEL
trabajan distribuidos en varios turnos. «Siempre hay que estar
disponible para el resto de compañeros, eso es fundamental», explica
Ruiz. El teniente lleva más de siete años al frente de la UHEL
asturiana, una de las unidades más activas de cuantas trabajan en la
región. La privilegiada situación en la que se encuentra su base
operativa, en pleno centro geográfico de la comunidad, hace que estos
pilotos de la Guardia Civil puedan llegar a cualquier punto del
Principado en poco más de media hora. Pero, a pesar de la rapidez, el
tiempo corre muchas veces en su contra. En este sentido, lo peor de este
trabajo, para los agentes de esta especialidad del instituto armado, es
la «frustración» que sienten cuando no pueden rescatar con vida a un
ciudadano que se ha extraviado en la montaña. En febrero del pasado año
los funcionarios de la Unidad rescataron el cuerpo sin vida de un
montañero que había sufrido un desvanecimiento en Sobrescobio. Apenas un
mes después volvieron a intervenir en otro caso similar en los Picos de
Europa. Frustración por partida doble.
Detrás de las 290 horas
de vuelto que realizó la UHEL en el año 2010 se esconden decenas de
historias. La mayor parte de los servicios tiene que ver con la
seguridad ciudadana (82 horas en total) aunque también es importante el
capítulo reservado a la protección del medio ambiente, con 69 horas de
trabajo. Quemas incontroladas e ilegales, cazadores furtivos y
conductores temerarios permanecen bajo vigilancia gracias a estos
funcionarios. En las paredes del despacho de Ruiz algunos recortes de
prensa recuerdan rescates en los que se invirtieron más de ocho horas de
vuelo seguidas. Un ejemplo más de su trabajo.
Sólo durante el
pasado año la UHEL realizó doce rescates. En la mitad de los casos los
agentes pudieron salvar la vida a las personas a las que tenían que
auxiliar. Pero su trabajo va más allá. Esta semana los agentes de la
UHEL han participado, por ejemplo, en el difícil rastreo del monte de
Tineo en el que se pretende localizar al asturiano acusado de matar a su
hermano. Ha pasado una semana y los trabajos aún continúan. «En este
tipo de casos tenemos que contar mucho con las labores de investigación
del resto de agentes», relata Ruiz, «fijamos una zona de búsqueda en la
que es probable que se esconda el acusado y luego vamos cerrando
círculos en ese perímetro, hasta que lo encontramos».
Cinco de
los agentes pertenecientes a la Unidad de Helicópteros de Asturias son
pilotos. Para acceder a este grupo especializado los agentes se forman
en la misma escuela a la que acuden también los profesionales civiles de
compañías aéreas como Iberia. Después de dos años volando como
«segundos de a bordo», llega el momento de asumir los mandos del
helicóptero. El entrenamiento y el conocimiento del terreno son
fundamentales para los miembros de este grupo especializado. «Cada valle
es diferente del anterior», mantiene el teniente, «por eso es
importante tener un equipo sólido que conozca el terreno sobre el que
está volando». Las inclemencias atmosféricas complican en ocasiones su
trabajo, con fuertes rachas de viento, lluvia o niebla. La edad límite
para acceder a la UHEL, una unidad en la que se puede entrar una vez que
se ha accedido a la Benemérita, está establecida en los 28 años.
Los
otros tres funcionarios que trabajan en la unidad asturiana son
técnicos, mientras que el octavo compañero asume labores burocráticas y
de contacto con el resto de grupos. Los «ángeles custodios» tienen
también que poner en muchas ocasiones los pies en tierra firme.
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